
Nunca he vestido de domingo a mi esperanza; soy terriblemente aburrida. Me deprimen los festejos, detesto las tertulias cuando no son soliloquios que pronuncio a las paredes, pues no me interesan en absoluto las opiniones de nadie; apenas sí me interesan las mías. Sólo pienso en mí, y sólo a veces. Nunca he amanecido, siempre he llegado tarde. Evidentemente no es a mí a quien buscas.
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